La persecución de los bahá'ís en Irán
Desde sus inicios, Fe bahá'í ha sido perseguida por las autoridades de su país de orígen: Irán. 

El mejoramiento del mundo puede ser logrado por medio de hechos puros y hermosos, por medio de una conducta loable y correcta
Desde hace unos 160 años, los bahá'ís han sido víctimas del fanatismo religioso en diversos países, y en particular, en Irán, país de origen de la Fe bahá'í, donde constituye la minoría religiosa más numerosa de ese país y una de las mayores comunidades de bahá'ís del mundo.
Tanto los propios bahá'ís como las instituciones internacionales –Naciones Unidas, Amnistía Internacional, la Unión Europea– y destacados intelectuales han denunciado que los miembros de la comunidad bahá'í de Irán se han visto sometidos a arrestos y encarcelamientos injustificados, a palizas, a torturas, a confiscación y destrucción de sus propiedades, e incluso a ejecuciones; de igual forma, a muchos de ellos se les ha denegado el ejercicio de sus profesiones, las prestaciones sociales, y el acceso a la educación universitaria.
La única razón por la que los bahá'ís vienen siendo víctimas del fanatismo religioso más corrosivo desde hace siglo y medio está en sus creencias religiosas, los principios de una Fe que, según el estudioso Friedrich W. Affolter, ponen en entredicho los principios de la ortodoxia shií. A pesar de todos los esfuerzos de la comunidad internacional por persuadir a Irán de que respete los convenios internacionales en materia de derechos humanos, de los que Irán es signatario, entre ellos la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, la persecución ha continuado hasta hoy.
Página web temática: La persecución de los bahá'ís en Irán 
La Fe bahá'í ha sido perseguida en Irán desde su fundación en 1844. Los primeros creyentes tuvieron que soportar las persecuciones de las autoridades religiosas del islam y de las sucesivas dinastías que gobernaron el país. Se estima que alrededor de 20.000 bahá'ís fueron ejecutados en el siglo XIX.
Las persecuciones continuaron aunque en forma no tan extendida durante el siglo XX. En algunas ocasiones estas persecuciones fueron llevadas adelante por el clero o por autoridades regionales. Por ejemplo, en el año 1903 fueron asesinados 101 bahá'ís en la ciudad de Yazd.
Durante el período en que gobernó la dinastía Pahlavi (1929-1979) las autoridades nacionales llevaron adelante varias políticas contra los bahá'ís en diversas ocasiones. En el año 1933 la literatura bahá'í fue prohibida en el país, y se dejó de reconocer los matrimonios bahá'ís; varias escuelas bahá'ís fueron cerradas.
En el año 1955 otra oleada de persecuciones comenzó contra los bahá'ís, cuando el régimen Pahlavi comenzó a promover actividades contra los creyentes; una ola de violencia anti-bahá'í inundó el país, un templo fue demolido y a lo largo y ancho del país hubo un gran número de asesinatos, violaciones y robos.
Posteriormente, y desde el establecimiento de la República Islámica de Irán en 1979, el gobierno ha encabezado una campaña sistemática de persecución y opresión con el fin de aniquilar a la Comunidad Bahá'í.
Lamentablemente esta campaña lamentablemente incluyó de nuevo ejecuciones, arrestos injustificados, encarcelamientos, confiscación de propiedades, destrucción de lugares sagrados y cementerios arrasados.
Entre 1979 y 1998 más de 200 bahá'ís fueron asesinados o ejecutados, cientos fueron encarcelados injustamente, y miles fueron despedidos de sus empleos o vieron sus negocios cerrados.
Después de que el Ayatollah Khomeini asumiera el gobierno y se redactara la nueva constitución de la república, varios derechos de las minorías cristianas, judías y zoroastrianas fueron mencionados y protegidos; sin embargo no fue incluido ningún derecho de los bahá'ís (la mayor minoría religiosa del país). Desde el punto de vista del gobierno iraní, los bahá'ís no tienen ninguna clase de derechos, y pueden ser atacados y perseguidos con total impunidad. Las cortes han negado a los bahá'ís cualquier derecho a protestar o reclamar frente a asaltos, asesinatos y otras formas de persecución; también han indicado que ningún ciudadano responsable de asesinar o robar a un bahá'í debe ser acusado ni juzgado, debido a que sus víctimas son infieles no amparados por la ley.
Por lo menos siete bahá'ís fueron ejecutados en 1979, veinticuatro en el año 1980, y en 1981 cuarenta y ocho bahá'ís fueron ejecutados o asesinados.
Las ejecuciones continuaron ocurriendo de forma esporádica durante los años 1982, 1983 y 1984.
Así mismo, las torturas aplicadas a bahá'ís en prisiones iraníes, fueron rutinarias y sistemáticas. Las torturas llevadas adelante contra bahá'ís incluían golpizas y flagelaciones, bastinado (que consiste en dar golpes violentos a las plantas de los pies) y la extracción de uñas y dientes a las victimas.
También fueron objeto de torturas psicológicas que incluían el verse obligados a observar la ejecución de familiares y seres queridos.
Por otra parte la destrucción de lugares sagrados bahá'ís muestra de forma clara los extremos que está dispuesto a alcanzar el gobierno Iraní con el fin de sofocar a la comunidad bahá'í y erradicar su cultura.
En el año 2004 las autoridades demolieron la casa del padre de Bahá'u'lláh (fundador de la Fe bahá'í), lugar muy significativo para los bahá'ís, que además era considerada como una obra arquitectónica única de la época.
En ese mismo año las autoridades destruyeron la tumba de Quddús, una figura histórica de la Fe bahá'í.
La destrucción de estos dos lugares sagrados en el 2004, por supuesto, no son hechos aislados o sin precedentes. La casa del Báb (precursor de la Fe bahá'í), lugar más sagrado de la Fe bahá'í en Irán, fue completamente demolida poco tiempo después de haber ocurrido la revolución islámica. Otros lugares sagrados fueron también demolidos durante ese período.
La idea de que después de Muhammad (fundador del islam) puedan haber otros mensajeros de Dios es vista por muchos musulmanes como una herejía, y esta es una de las razones que motivan las persecuciones contra los bahá'ís en Irán.
Los bahá'ís entienden que estas persecuciones ocurren como resultado del miedo y la confusión que suele generarse cuando emerge una nueva religión que se diferencia de la ortodoxia establecida. Este patrón se ha repetido a los largo de las épocas; prácticamente todas las grandes religiones del mundo han enfrentado feroces persecuciones en sus primeras etapas.
En el caso de la Fe bahá'í, las enseñanzas de su fundador fueron vistas por la ortodoxia islámica como heréticas y contrarias a las enseñanzas del islam. Hay musulmanes fundamentalistas que ven algunas de las enseñanzas bahá'ís, por ejemplo la igualdad entre el hombre y la mujer, como principios opuestos a las tradiciones del islam.
Para las figuras principales del islam shií, así como también para la rama sunní, el nacimiento de una religión independiente trece siglos después del islam es aborrecible e intolerable, y además es considerada como una amenaza al poderío, la influencia política y los beneficios sociales de los cuales se benefician gracias a su posición; lo que trae como resultado su firme determinación por exterminar la nueva Fe y aniquilar a sus seguidores
Gracias al control ejercido por el clero islámico sobre los medios de comunicación, las enseñanzas y creencias bahá'ís son prácticamente desconocidas para el público iraní, el cual además ha sido sistemáticamente impulsado a odiarlas y temerlas.
A la comunidad bahá'í iraní se le ha negado el acceso a los medios masivos de comunicación, tales como radio, televisión, diarios, cine, distribución de literatura; lo cual ha traído como resultado la existencia de un prejuicio generalizado por parte de la población en general con respecto a la Fe bahá'í y sus enseñanzas.
El 16 de diciembre de 2006 el Tribunal Supremo Administrativo de Egipto denegó a un matrimonio, que profesa la religión bahá’í, la posibilidad de obtener sus carnés de identidad por haber hecho constar su religión. En Egipto todos los ciudadanos están obligados a señalar su afiliación religiosa en sus documentos de identidad, y otros documentos similares. De este modo, el alto tribunal confirmaba la política actual del gobierno, que exige optar por una de las tres religiones reconocidas oficialmente, islam, cristianismo o judaísmo.
El Gobierno de El Cairo ha procurado forzar a los bahá'ís a mentir sobre su creencia religiosa o bien prescindir de sus documentos de identidad; una medida que priva a los creyentes de esta religión del acceso a la mayoría de sus derechos civiles y sociales, desde la educación a la atención médica, y los pone en peligro de ingresar en la cárcel por un periodo de cinco años. Se amenaza así a toda una comunidad religiosa a convertirse en personas indocumentadas o ciudadanos sin derechos, y todo ello sobre la base de sus creencias religiosas.
El Tribunal Supremo respondía así a un recurso presentado por el Gobierno frente a la decisión de una sala del Tribunal Administrativo, que había reconocido anteriormente el derecho de los afectados, Husam Izzat Musa y Ranya Enayat Rushdy, a hacer constar su religión en sus documentos de identidad. Los tres jueces encargados del caso habían argumentado:
Concuerda con los principios islámicos mencionar la religión en este carné a pesar de que sea una religión cuyos ritos no están reconocidos para su abierta práctica, tal como el bahá’ismo [sic] y otros. Por el contrario, éstas [religiones] deben señalarse para que se sepa la condición de su portador y, por consiguiente, que no goza de un estatuto legal, al que su creencia no le da derecho en una sociedad musulmana.
Desde el momento en que se difundió la sentencia del Tribunal Supremo Administrativo, diversas organizaciones egipcias de defensa de los derechos humanos dieron su apoyo a la Comunidad Bahá’í de aquel país en su lucha por reivindicar sus derechos civiles más básicos. De hecho, desde abril de 2006 –cuando comenzó este proceso– han aparecido más de 400 artículos, noticias, comentarios y programas en los medios egipcios y árabes sobre el caso.
Posteriormente, se han unido a las denuncias surgidas desde dentro del propio país las voces de otras organizaciones y defensores de los derechos humanos en otros lugares del mundo.
Es claro que la motivación de esta decisión política, que cuenta ahora también con su correspondiente cobertura judicial, hunde sus raíces en una larga historia de discriminación religiosa. Durante casi cinco decenios los miembros de la Comunidad Bahá’í de Egipto se han visto sometidos por razones de sus creencias a humillaciones de todo tipo, incluyendo el acoso de la vigilancia policial y falsos arrestos.
No obstante, y pese a las graves tergiversaciones que se dan de la Fe bahá’í desde diferentes estamentos de la sociedad egipcia, la cuestión central de este asunto no se sitúa en disquisiciones de tipo teológico, sino en la aplicación de los principios de equidad, justicia y veracidad que resultan fundamentales para los seguidores de todas las religiones y para los que no profesan ninguna, así como en el compromiso de Egipto para con el Convenio Internacional de Derechos Políticos y Civiles.
Desde sus inicios, Fe bahá'í ha sido perseguida por las autoridades de su país de orígen: Irán. 
Participa en las múltiples actividades abiertas de los bahá'ís cerca de tu localidad o pide más información. 



